[et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»4.14.5″ _module_preset=»default» global_colors_info=»{}» theme_builder_area=»post_content»][et_pb_row _builder_version=»4.14.5″ _module_preset=»default» global_colors_info=»{}» theme_builder_area=»post_content»][et_pb_column type=»4_4″ _builder_version=»4.14.5″ _module_preset=»default» global_colors_info=»{}» theme_builder_area=»post_content»][et_pb_text _builder_version=»4.14.5″ _module_preset=»default» hover_enabled=»0″ global_colors_info=»{}» theme_builder_area=»post_content» sticky_enabled=»0″]En los tiempos que corren quiero lanzar una flecha, una visión, un destino a las medicinas y técnicas que nos rodean.
Hace casi 44 años la medicina occidental me trajo a este plano, sin ella y los conocimientos médicos no hubiera nacido.
Mi madre tuvo un terrible accidente de coche que casi la mata. 27 fracturas en su cuerpo incluida la de pelvis. Estaba enbarazada de mí de cuatro meses y medio. El octavo hijo quería nacer, no hubo aborto natural y seguía enganchado en las entrañas de mi madre de manera milagrosa. Las reacciones médicas del momento y también las familiares aconsejaron a mi madre que optase por el aborto, su vida corría peligro y no tenían claro en que condiciones iba a llegar esa vida, ese niño… Mi madre a pesar de toda la adversidad preguntó: Dr, ¿el niño sigue ahí? La respuesta fue si…
Entonces mi madre prosiguió, si el niño está ahí es porque quiere vivir, se llamará Ulan, que significa «GRAN GUERRERO».
El amor incondicional de una madre valiente y entregada a la vida junto, con los conocimientos y técnicas médicas occidentales alumbraron mediante cesárea a un varón de 3.5 kilos. – Una historia milagrosa y fascinante –
Son muchas las vidas que la medicina y la ciencia occidental salvan a diario.
